Miró a su alrededor y notó que
todo el mundo le observaba con curiosidad, “típico”,
pensó, es la forma en que todos miran a la extraña chica nueva, las
clases habían dado inicio oficialmente la semana anterior por lo que
era más notorio el hecho de que ella era una recién llegada. Había
llegado a Harlle una semana antes, pero no había sentido deseos de
regresar a la escuela hasta ese día. Caminó hacia la entrada de la
escuela intentando hacer caso omiso a todas las miradas que se
posaban sobre ella. No quería ser el centro de atención,
precisamente eso era lo que más le molestaba de tener que mudarse a
un sitio nuevo, el tener que soportar la inmensa curiosidad de las
personas y sus intentos de sacar la mayor cantidad de información
posible. Entendía claramente las razones por las que se mudaba, su
padre necesitaba un cambio de aires y debía admitir que ella
también. Podía ver claramente como todos la miraban y se giraban a
hacer comentarios, ya imaginaba lo que podrían estar diciendo, “mira
que ropa tan pasada de moda”, o tal vez “mira que pelo tan
maltratado”. Quizás si eso hubiese ocurrido tres meses antes ella
no habría podido aceptarlo, pero ese día ya no tenía importancia,
no importaba si no era reconocida en su nueva escuela, de cualquier
forma ella ya no buscaba aprobación. La vida era demasiado corta
como para pasársela buscando la aceptación de los demás, eso lo
había comprendido tres meses antes de una forma muy dolorosa.
Ensimismada como estaba en sus
pensamientos no notó que había algo en su camino y solo sintió
como chocaba de frente contra una pared, sintió que se le
reacomodaban todos los huesos del cuerpo, cerró los ojos y pensó en
lo ridícula que debía verse al chocar contra una pared en un
pasillo atestado de gente, notó como cesaban todas las
conversaciones a su alrededor y pensó que no tardaría en escuchar
las carcajadas, pero para su sorpresa todo se mantuvo en silencio,
fue entonces cuando sintió que, increíblemente, la pared se movía,
abrió los ojos y levantó la mirada solo para darse
